Noventa y nueve jugadores llegarán con una aspiración común y solamente 54 encontrarán espacio. Esa será una de las principales historias del Draft de Novatos de la Liga de Béisbol Profesional de la República Dominicana, programado para el miércoles 9 de septiembre, cuando las seis organizaciones de LIDOM comenzarán a incorporar una nueva generación de talento a sus reservas.
La edición de 2026 será distinta.
Las tradicionales 16 rondas quedaron atrás y los equipos dispondrán ahora de nueve oportunidades para seleccionar. La reducción convierte cada turno en una decisión mucho más valiosa y obliga a los departamentos de operaciones de béisbol a identificar jugadores que no solamente tengan proyección, sino también posibilidades reales de acercarse al béisbol invernal en un período razonable.
El universo de candidatos también presenta novedades. La elegibilidad contempla jugadores que alcanzaron al menos Clase A-Fuerte antes del corte de agosto, peloteros que repitieron Clase A luego de quedar disponibles anteriormente y dominicanos mayores de 23 años que participan en ligas independientes o circuitos minoritarios de Japón.
Dentro de esa mezcla aparecen prospectos millonarios, jugadores que han escalado prácticamente desde el anonimato, velocistas capaces de cambiar un partido con sus piernas y lanzadores cuyos repertorios podrían convertirlos en piezas importantes en el futuro.
Una clase en la que abundan los atletas
Una característica sobresale inmediatamente al revisar el grupo de jugadores de posición: la velocidad.
Hayden Álvarez, jardinero de los Angels, es quizás uno de los ejemplos más completos. Su temporada combina promedio de .290, OPS de .855, 12 cuadrangulares y 50 bases robadas. Pero lo que más llama la atención no es una estadística aislada, sino la manera en que ha evolucionado.
Álvarez pasó de ser principalmente un bateador de contacto a producir con mayor autoridad sin sacrificar su capacidad para llegar a las bases. Reconoce lanzamientos, controla la zona y posee las herramientas físicas para permanecer en el jardín central.
Otro nombre que puede generar considerable interés es Dauri Fernández, prospecto de Cleveland. Sus 57 robos son la cifra que primero salta a la vista, aunque limitarlo a la velocidad sería simplificar demasiado su perfil.
Fernández bateó .271, acumuló 35 extrabases y ha comenzado a demostrar que puede generar más impacto ofensivo del esperado para un jugador de su contextura. Su movilidad también aumenta su valor defensivo dentro del cuadro.
Luis de la Cruz, igualmente perteneciente a los Guardians, presenta una combinación parecida, aunque con mayor producción de poder. Terminó con promedio de .291, 11 cuadrangulares, 36 bases robadas y OPS de .845.
Durante sus primeras campañas había mostrado capacidad para hacer contacto, pero sin demasiada fuerza. En 2026 esa limitación comenzó a desaparecer. Los 37 extrabases registrados durante la temporada muestran un bate mucho más peligroso.
Peña lleva uno de los apellidos que más podrían escucharse
Dos de los nombres más interesantes de la clase comparten apellido, aunque presentan perfiles ofensivos diferentes.
Elián Peña, campocorto de los Mets, llega precedido por credenciales que inevitablemente llamarán la atención de cualquier organización.
Nueva York invirtió US$5 millones en su firma internacional de 2025, la cifra más alta entregada por la franquicia a un jugador de ese mercado. A los 18 años ya se encuentra entre los prospectos de mayor consideración dentro del sistema.
Su temporada incluyó ocho cuadrangulares y 30 bases robadas en 497 apariciones al plato.
Más importante que los números es la naturaleza de sus herramientas. Peña muestra disciplina, posibilidad de desarrollar mayor poder y capacidad para utilizar diferentes partes del terreno. Defensivamente posee el brazo suficiente para continuar en el campocorto.
Todavía quedan ajustes por realizar, especialmente frente a rectas de mayor velocidad, pero su techo lo coloca inevitablemente entre los nombres de mayor atractivo.
El otro Peña, Yordalin, ofrece algo diferente.
El jardinero de los Cardinals produjo 17 jonrones en 399 apariciones y alcanzó velocidades de salida de hasta 111 millas por hora.
Es un bateador mucho más agresivo. Esa disposición provoca una elevada cantidad de ponches, pero también genera daño cuando consigue extender los brazos.
Un dato particularmente interesante es su desempeño frente a rectas superiores a las 93 millas: bateó .304 contra ese tipo de lanzamiento. Para un jugador cuyo valor dependerá considerablemente de la producción de poder, responder ante velocidad constituye una señal alentadora.
El poder también tendrá representantes
La capacidad para producir extrabases aparece en varios rincones de esta clase.
Abdías de la Cruz, de Arizona, parece finalmente haber encontrado el desarrollo ofensivo que su organización esperaba desde que lo firmó por US$1.1 millones en 2022.
Después de permanecer estancado en los niveles inferiores, conectó 14 cuadrangulares, acumuló 40 extrabases y logró avanzar dos categorías.
La diferencia estuvo en la elevación de la pelota.
De la Cruz comenzó a transformar mejor su fuerza física en contactos productivos y mantuvo una tasa de ponches manejable. Ese crecimiento puede convertirlo en una alternativa atractiva para organizaciones interesadas en un jardinero con potencial ofensivo.
También aparece Ronny Cruz, actualmente dentro del sistema de Washington.
Su historia es menos tradicional. No llegó al profesionalismo mediante una gran firma internacional, sino después de utilizar el béisbol colegial estadounidense como plataforma. Los Cubs terminaron seleccionándolo en la tercera ronda del Draft Amateur antes de que su carrera lo llevara a los Nationals.
Durante la temporada conectó 15 jonrones y se robó 47 bases.
La combinación es evidente: fuerza y atletismo.
Su próximo salto dependerá de mejorar la frecuencia del contacto y reducir los swings perdidos. Si logra avanzar en esa dirección, su capacidad para defender varias posiciones del lado izquierdo del cuadro aumenta todavía más su valor.
Contacto y versatilidad: otras armas disponibles
No todos necesitarán enviar la pelota sobre la verja para llamar la atención.
Waner Luciano, jugador de Houston, construyó una temporada particularmente interesante desde el control de la zona de strike.
Terminó con más boletos que ponches —50 frente a 49— y registró un OPS de .877 en 302 apariciones.
Además, comenzó a ampliar su repertorio defensivo.
Luciano había desarrollado buena parte de su carrera en la antesala, pero encontró mayor participación en el jardín derecho durante 2026. Esa combinación de disciplina ofensiva y versatilidad podría hacerlo especialmente útil dentro de un roster invernal.
Algo parecido ocurre con Yairo Padilla, aunque desde un perfil diferente.
Las lesiones redujeron su temporada a 149 apariciones, pero cuando estuvo disponible dejó suficientes señales de su capacidad. El ambidiestro bateó .275 con OPS de .831 y mostró una tasa de contacto sobresaliente contra lanzamientos dentro de la zona.
Su defensa continúa concentrada en el campocorto, donde utiliza velocidad y atletismo para cubrir terreno.
La muestra es pequeña, pero las herramientas son suficientes para mantenerlo dentro del radar.
Los brazos que pueden dominar la conversación
Entre los lanzadores, un nombre se separa inmediatamente por la potencia de su repertorio.
Miguel Simé Jr. puede superar las 100 millas por hora.
El derecho de Washington, de apenas 19 años, ya alcanzaba esa velocidad desde su adolescencia y durante 2026 ha llegado a aproximarse a las 101 mph.
La recta no está sola.
Simé también posee slider, curva y splitter, ofreciendo una combinación poco habitual para un lanzador de su edad. En 72.1 entradas registró efectividad de 2.99 y una impresionante tasa de ponches de 41.3%.
Su problema está en el comando. La tasa de boletos de 20.3% confirma que todavía existe trabajo por realizar.
Sin embargo, la juventud cambia por completo la evaluación. Washington lo convirtió en una selección de cuarta ronda en 2025 y le otorgó US$2 millones. El talento está fuera de discusión; la verdadera interrogante para cualquier equipo de LIDOM será cuándo podrá contar con él.
Ciprián representa el extremo contrario
Mientras Simé llegó al profesionalismo acompañado de una inversión millonaria, Junior Ciprián comenzó prácticamente desde el otro extremo.
Arizona lo firmó por solamente US$20 mil en 2023.
Tres años después figura entre los prospectos más interesantes de la organización y viene de trabajar 100.2 entradas con efectividad de 3.22.
Ciprián no basa todo su éxito en una recta descomunal. Su atractivo está en la capacidad para ejecutar.
Trabaja por encima de las 90 millas, puede atacar la zona alta y complementa su bola rápida con slider y cambio.
La madurez sobre el montículo puede ser precisamente el elemento que termine separándolo de otros lanzadores disponibles.
Más allá de la efectividad
El caso de Deivi Villafaña demuestra por qué evaluar prospectos exclusivamente a través de estadísticas tradicionales puede resultar engañoso.
Su efectividad de 5.78 no impresionará a primera vista.
Su repertorio, sí.
Villafaña trabaja alrededor de 94-95 mph y utiliza tanto recta como sinker, pero son sus pitcheos secundarios los que convierten su perfil en uno especialmente interesante.
El cambio limitó a los bateadores a promedio de .091 y generó swings fallidos en un 33.3% de las ocasiones. Frente al slider, los rivales apenas batearon .214.
Para Cincinnati existe suficiente material como para mantenerlo entre los jóvenes de consideración dentro de su sistema.
Cabral y Obispo ofrecen perfiles más pulidos
Otros dos derechos podrían despertar interés por razones diferentes.
Aiven Cabral, perteneciente a Atlanta, se distingue principalmente por el control.
Fue escogido en la ronda 18 del Draft Amateur de 2025 y rápidamente comenzó a mostrar una capacidad avanzada para ejecutar lanzamientos. En 109.2 entradas registró efectividad de 3.28 y concedió boletos solamente al 6.4% de los bateadores enfrentados.
Su recta permanece generalmente entre 90 y 92 millas, por lo que necesita sobrevivir mediante ubicación, secuencia y lectura de los bateadores.
Hasta ahora ha demostrado que puede hacerlo.
Emilio Obispo, de los Mets, presenta una historia distinta.
Después de perder toda la temporada anterior por lesión, regresó con 80.1 entradas de 2.58 de efectividad.
Su principal fortaleza está en la variedad.
Maneja cinco lanzamientos, entre ellos un sinker de 92-94 mph que genera una cantidad considerable de rodados. El cambio también ha sido particularmente efectivo, limitando a los rivales a promedio de .169.
Esa profundidad de repertorio le permite atacar bateadores de diferentes maneras y aumenta las posibilidades de continuar trabajando como abridor.
Nueve rondas cambiarán la estrategia
Además del talento disponible, el nuevo formato obligará a las seis organizaciones a administrar cuidadosamente sus oportunidades.
Licey tendrá el primer turno del sorteo, seguido por Estrellas, Escogido, Gigantes, Toros y Águilas. Sin embargo, intercambios realizados previamente provocarán alteraciones durante algunas rondas.
Escogido dispondrá de una selección adicional proveniente de los Gigantes en la cuarta ronda. Las Águilas, mientras tanto, tendrán un turno perteneciente originalmente a los Toros en la sexta y otro procedente de los Leones en la novena.
Con solamente nueve rondas, esos movimientos adquieren mayor importancia que en años anteriores.
Ya no habrá tanto espacio para selecciones destinadas únicamente a proyectos de largo plazo. Cada organización deberá decidir cuánto valor otorga al talento puro, cuánto a la cercanía con los niveles superiores y, sobre todo, qué posibilidades reales existen de que esos jugadores puedan vestir el uniforme en República Dominicana.
De 99, solamente 54
El Draft comenzará a las 8:00 de la noche del miércoles 9 de septiembre.
Para entonces los informes, videos, estadísticas y evaluaciones habrán terminado.
Quedará solamente escoger.
Los 99 jugadores inscritos llegarán desde escenarios completamente distintos. Algunos costaron millones de dólares cuando ingresaron al profesionalismo. Otros comenzaron con bonos mínimos. Hay jugadores de 18 y 19 años cuyo futuro apenas comienza a dibujarse y otros que han necesitado caminos más largos para convertirse en candidatos.
Eso es precisamente lo que hace particularmente interesante esta clase.
No existe una sola fórmula para encontrar talento.
Y cuando termine la novena ronda, 54 jugadores habrán dado un paso que ningún bono de firma, ranking de prospectos o estadística puede sustituir: pertenecer por primera vez a una organización de la pelota profesional dominicana.